martes, 31 de marzo de 2009

Festival en el Zócalo: Reggae, Cumbia, Sonidos Balcánicos y Cerveza.

Detrás del escenario, la Catedral más grande de América Latina. A sus luces, en el interior de sus dos torres, las veremos encenderse de a poco, como el fuego en su tiempo y como el fuego en su color, a medida que la noche avance sobre la tarde.
Es el segundo domingo de la primavera en el zócalo del DF mexicano. Son casi las seis de la tarde y está por comenzar el cierre del 25° Festival del Centro Histórico. La gente va llenando a oleadas la explanada gigante, ideal para conciertos, explanada monótona que sólo se quiebra con un mástil gigantesco que sostiene una bandera gigantesca con los colores de la virgen de Guadalupe y en su centro, pintando el blanco, exhibe un águila parada sobre un nopal y con una serpiente en la boca.
Debajo del zócalo alguna vez existió Technotitlán. Los mexicas, más conocidos como aztecas, llegaron peregrinando hambrientos y cansados, y encontraron en este lugar a ese águila sosteniendo una serpiente con su boca y posando sus patas sobre un nopal. Por mandato de los dioses en el lugar donde hallaran esa escena deberían fundar su nueva civilización, y así fue. Cuando los españoles llegaron al valle de México no podían creer lo que estaban viendo: una ciudad perfectamente trazada (cuadriculada a diferencia de las curvas ciudades españolas), comunicada con puentes, porque el valle de México era puro lago y chinampas, islas flotantes donde los mexicas desarrollaban su agricultura (hoy en día puede verse una pequeña muestra de esto en el sur del DF, en Xochimilco, donde uno puede pasear con embarcaciones entre canales y chinampas, dándose besos y tomando cerveza).
Es así, la Ciudad de México descansa sobre un colchón de agua y sus pesados edificios lo hacen notar. El Palacio de Bellas Artes y la mismísima Catedral se hunden año tras año. Los ingenieros levantan pilares en el fondo acuático de la ciudad para sostener la historia. Es que antes el agua de la red se sacaba de abajo (para nada potable), y esa succión constante que abastecía a 20 millones de personas hizo cavilar al cemento de arriba. México se hunde, se escucha decir en el metro y en los mercados.
Así que eran las seis de la tarde y ya estaba todo listo para empezar el concierto de cierre del festival. Este ciclo comenzó hace 25 años gracias a una asociación civil que se conformó para recuperar el centro histórico de la ciudad, que para ese entonces, 1985, parece que estaba lo suficientemente abandonado y roto para pensar en su recuperación. En el proceso se logró que se declarara a toda el área Patrimonio de la Humanidad, por la Unesco. Y como todo patrimonio de la humanidad, tiene que estar limpio, sin vendedores ambulantes (es curioso, porque uno de los colores más lindos de México es el color de la venta callejera, de los tianguis, de los mercados, y en el centro histórico, en tanto zócalo pelado, no hay frutas y verduras sobre las piedras, dándole color a tanta roca), sin M gigantes de Mc Donalds, ni B de Burgers. Pero claro, hay Mc Donals y Burgers King, pero están camuflados con la arquitectura histórica del centro, lo mismo que los Oxxos y los Seven Eleven y los…etc etc.
Una voz en off (o por lo menos yo no vi al presentador) anunció al Rastrillo, la primera banda de la tarde. El Rastrillo hace un reggae clásico, algo así como Los Cafres mexicanos, pero con algunas variaciones interesantes en ciertas canciones. Están cumpliendo veinte años de carrera y le metieron onda. Me llamó la atención, a lo lejos y desde un principio, la camiseta de fútbol que vestía el guitarrista. Esperé a que lo enfocarán en las dos pantallas inmensas que había a los costados del escenario y corroboré: no era la camiseta de Banfield, ¡Era la de Excursionistas! El pelado era de excursio, y era el más sobrio de los integrantes del Rastrillo: cuando había que saltar, no saltaba.
Pasó el Rastrillo y pasaba la tarde, ya se veía la luna bien finita sobre la terraza del Holiday Inn (también camuflado en la arquitectura, por supuesto). Todo alrededor y dentro del zócalo se iba encendiendo: desde las hierbas de los asistentes hasta las luces hermosas que decoran el Palacio Nacional. Dato curioso: el piso del zócalo termino siendo un cementerio de botellas de cerveza…!acá se puede tomar mientras se asiste a un concierto público! Y si no se puede, se hace.
La voz en off que nunca vi anunció al segundo artista…y que sorpresa que fue: “Emiliano Gomez, desde Argentina…!El hijo de la cumbia!”...!Que lo parió! Me empecé a reír, sí, sí, sí, primero el guitarrista de Excursionistas y ahora El hijo de la cumbia…no sabía quien era pero me dije “veamos que tal…me viene bien la cumbia después de tres meses y medio de sones cubanos y corridos mexicanos”. Y es que cuando estando yo de viaje alguien me pregunta que se escucha en Argentina, que se baila, digo y comento: se baila tango y se escucha cumbia. Y sí, a veces exagero y cedo a las influencias, porque existe esa cosa tradicional de que queremos arraigarnos en nuestro folklore, hermoso folklore, pero de a poco uno empieza a entender que la cultura cambia como el lenguaje y como toda la sociedad, en cada uno de sus aspectos. Buenos Aires no tendría tango, ni Uruguay tendría candombe, sino fuera por la herencia africana que depositó la milonga en el Río de la Plata. ¡Ay afroargentinos!, ¿Dónde están que les debemos tanto? En el estado de Veracruz, en México, existe el fandango jarocho (jarocho es el gentilicio del estado de Veracruz), y eso es tan folklórico y mexicano, hoy en día, como la música purépecha (etnia indígena) en el estado de Michoacán, y eso que el fandango lo trajo el español. Así que folklore o no folklore, que viva la cumbia.
Mi expectativa cambió cuando vi que se trataba de un DJ. No había músicos…sólo El hijo de la cumbia VS el zócalo repleto de gente. Un desafío, algo así como El Santo Vs Blue Demon, el clásico de clásicos de la lucha libre mexicana. Yo no sé de donde lo habrán sacado al hijo de la cumbia, pero no fue un lindo espectáculo…con algunas bases cumbiancheras, pero escasas, no tan sólidas, empezó a mezclar ritmos metiéndole suficiente punchi punchi como para quebrar la esencia bailantera. Siempre me dije: Si la pizza de muzzarela sola es más rica, ¿para qué meterle un pedazo de ananá o de anchoa encima? ¿Eh?
Lo cierto es que El hijo de la cumbia se lo pasó arengando al público que respondió con poco y nada. Algunas frases del maestro, mientras la tecno-cumbia reventaba todo: “¿Qué pasa che? ¿A México no le gusta la cumbia?”, “Palma, palma, palma”…y al rato…”El que no hace palma es un cornudo”, “Vamos que la cumbia no tiene fronteras”, y para el cierre (después de que se le cortó el sonido y pidió “chiflidos para el sonidista”) con todas buenas intenciones tiró las frases: “Aguante el zócalo y aguante esa bandera, loco”, señalando la bandera mexicana gigante. Al lado mío un grupo de mexicanos se preguntaban: “¿Aguante el zócalo, dijo?”, y sí, es difícil de entender los modismos ajenos en semejante situación.
Ya estaban llegando los platos fuertes de la noche, porque eran las siete y la noche era casi completa. Entre artistas se oía a la voz en off que repetía el lema: “recuerden que todos somos la Seguridad”, así, la Seguridad con mayúsculas vigilándonos unos a otros a ver que hacemos. La maldita Seguridad, como en Argentina, está de moda gracias a la Inseguridad Mediática y Clasemedista. Acá en México, siglo XXI, hay partidos políticos (Partido Verde, ejem) que piden la pena de muerte para asesinos y secuestradores. Pena de muerte, sí. Hace unos días se realizó una jornada para discutir el tema y se oyeron todas las voces. Hay campañas políticas que le fueron al choque a esa petición, la campaña del PRD, que piden castigo pero no muerte, y la campaña del PSD (los socialdemócratas) que directamente refutan inteligentemente el clamor mortuorio de los yuppies del Partido Verde. El lider del Partido Verde es güero, como yo (rubiecito, digamos). Es un empresario, como Macri tal vez, que remueve el avispero con estupideces mediáticas y publicitarias. Hace falta recorrer pocos metros en México para encontrarse con carteles gigantescos (más grandes que la bandera de México que flamea en el zócalo) del Partido Verde que dicen: “Pena de muerte para asesinos y secuestradores, envía SI al 09999”. ¡No mames, guey!
Así que luego del pedido de que todos seamos la Seguridad, la voz en off anunció a la banda que daría el mejor show de la noche: Balkan Beat Box.
Balkan Beat Box es una especie de fusión de fusiones. Mantiene un sentido balcánico más allá del nombre. Bajo el liderazgo de los israelíes Ori Kaplan y Tamir Muskat, la banda despliega dos saxos en escena que luchan durante todo el set (uno de los cuales es del mismísimo Kaplan). El vocalista Jeremiah Loockwood se mueve para todos lados y agita a la masa. Temas eclécticos en noche ecléctica, cita ideal para descubrir un sonido distinto de la llamada “World Music”. El público chilango (así les dicen a los que habitan o nacieron en el DF) respondió con todo: bailó, gritó, saltó. Así fue que Balkan Beat Box dejó una mezcla rara el aire, un poco de Charlie Parker, una pisca de Fanfare Ciorcalia y un toquecito Manu Chao en el ambiente que seria difícil de superar.
Apenas pasadas las ocho de la noche, la voz en off anunció a la banda que cerraría el cierre del cierre del cierre: Asian Dub Fundation.
Todo empezó bien punk, o bien rap, o quién sabe. La banda se presentó con dos vocalistas-raperos, y uno era bien parecido a un Jackie Chan veinteañero. Esta banda se formó en 1993 en unos talleres de música para jóvenes asiáticos en Londres. Se agruparon para tocar en un concierto contra el racismo. Durante su presentación en el zócalo, uno de los músicos se encargó de tomar posición a favor de las luchas indígenas por la tierra en América, de la lucha Palestina y de la lucha anti-invasión yanki en Irak y Afganistán. El miembro más llamativo de la banda es un percusionista inmenso que se cuelga una especie de bombo legüero y lo toca de parado. Ese mismo músico se puso una máscara de lucha libre mexicana en el medio del concierto.
El recital terminó a las nueve y media de la noche. Muchos esperaban la pirotecnia prometida para el final, pero parece que hubo ajuste de presupuesto y la única luz del cielo capitalino seguía siendo la luna finita sobre el Holiday Inn. Irse del zócalo fue patear botellas y botellas, fue buscar la mejor calle, la más repleta de gente que se alejaba del zócalo, yendo hacia el Eje Central, hacia el metro o en busca de algún pesero que lo acerque a sus casas.
¡Bienvenidos sean los festivales! ¡Órale pues!

sábado, 31 de enero de 2009

El primer viaje en tren: de Ciego de Ávila a Camaguey





El único coche motor salía de la estación de Morón a las 12.50 del mediodía. Recorría la provincia hasta Ciego de Ávila y luego seguiría camino a Camaguey. Queríamos viajar en tren y era una buena oportunidad, emulando además la canción de Silvio, esa que dice que va a visitar a un amigo camagüeyano en el tren, atravesando valles y poblaciones desconocidas hasta entonces para el trovador.
Cuando llegamos a la ventanilla de la estación de Morón para sacar el pasaje, un hall inmenso y antiguo, vieron los pasaportes y nos enteramos de que en esa estación ya no tenían licencia para vender pasajes en divisas, y con pasaporte uno no puede comprar pasajes en moneda nacional. Insistíamos, mientras comíamos unos chupa-chupa, y llevaron a Gabriel a conversar con el encargado de todos los conductores de ferrocarril de esa sección. Pero Coco era imperturbable en sus deberes y no nos dejó subir al trencito.
Tomamos un micro hasta Ciego de Ávila, la capital de la provincia, por dos pesos cubanos. Íbamos sin esperanza de llegar en tren a Camaguey. Generalmente en las ciudades, las estaciones de ferrocarril y las terminales de buses intermunicipales están una al lado de la otra. Por el momento no salían camiones ni buses a Camaguey, había que esperar, pero los guardas de la estación de tren de Ciego nos dejaron pasar al andén (el trencito, el coche motor que salió de Morón llegaría en media hora). Algún cubano debería comprarnos los dos boletos con un par de carnet de identidad nacionales. Un amigo de los guardas se ofreció, consiguió otro carnet (de una mujer) y nos compró los tickets (3.50 pesos cubanos cada uno, o sea, 0.45 centavos de peso argentino).
El hombre no quiso ni siquiera que le paguemos, así que le dejamos de recuerdo un pin de Argentina, por el lindo gesto.
Pasamos al andén donde el sol, ya casi el solcito fuerte del oriente cubano, nos partía al medio.
Llegó el tren y casi lo perdemos por el antojo de pizza de Gabriel, a último momento. Estuvimos a punto de llamarlo por los altoparlantes de la estación.
Subimos a las 2 de la tarde. EL coche motor es un solo vagón moderno, similar a los trenes que hasta hace unos meses hacían el recorrido de Retiro a Rosario, sin locomotora. En el tren había kiosko y un vendedor circulaba con galletas y golosinas. No había asientos disponibles, así que nos sentamos adelante, sobre las mochilas.
En el tren era cuestión de minutos empezar a conversar con algún cubano. Un hombre y una mujer alternaron preguntas: él me hablaba de fútbol, de la final entre Tigre y Boca, de los jugadores argentinos en Europa, de que nos hacía falta un buen arquero (le gustaba Ustari pero anda lesionado). Ella me hablaba de sus vacaciones, estaban volviendo de unos días de playa, me hablaba de la educación cubana, de Argentina. Eran novios pero se bajaron en estaciones distintas.
Atardecía, el tren atravesaba Baraguá, Piedrecitas, Céspedes, Estrella, Florida y Algarrobo. El ayudante del maquinista bajaba de a ratos para operar los cruces de vías, los desvíos, todos manuales. El tren avanzaba y lo esperaba unos metros adelante, el operador de las vías subía nuevamente y el tren arrancaba.
Entrando a Céspedes detuvieron el tren unos doscientos metros antes del andén. “¿Por qué paran aquí que no hay andén, chico?”, preguntaba alguno de los pasajeros que formaba la fila para descender. “Es que venimos adelantados y vamos a tomar un poquito de guarapo”, respondió uno de los responsables del tren, mientras se bajaba con una botella vacía para cargarla de guarapo (bebida alcohólica en base a caña de azúcar fermentada) en alguna casa amiga del pueblo de Céspedes.
Así fue que diez minutos después el tren avanzó los doscientos metros hasta el andén y los pasajeros descendieron al fin.
Ya casi no había sol, el tren tuve que detenerse en varias ocasiones para dejar pasar a los convoyes nacionales, de muchísimos vagones, que iban hacia La Habana. Tocaba sacar la cabeza por la ventanilla, en cada espera, y aspirar el airecito de la tarde-noche en los valles centrales de Cuba.
Entramos a Camaguey, como canta Silvio, al anochecer.

martes, 27 de enero de 2009

Santa Clara y las primeras (segundas) impresiones







Después de pasar la noche en la terminal de Santa Clara, a las siete de la mañana salí a caminar en busca del punto de encuentro acordado con Gabriel. Tenía el recuerdo de siete años atrás de lo que era la vida cubana, los resabios que habían quedado de aquella vez.

A esa hora de la mañana, avanzando por la carretera central, las paradas estaban repletas de trabajadores y alumnos, Santa Clara empezaba a agitarse. Se ven bicitaxis, carretas, camiones, buses y hasta “camellos” (camiones soviéticos con un acoplado gigantesco y jorobado que se usa como transporte colectivo), estos se veían hasta hace un año por las calles de La Habana. Se compraron micros nuevos de China, los Youton, y los camellos fueron a parar a las provincias.

Luego del encuentro con Gabriel, en casa de Olga, frente a la iglesia del Cármen, salimos a recorrer la ciudad. No recordaba mucho del fugaz paso anterior por ese lugar. Subimos a la terraza del hotel Santa Clara Libre, frente al parque Vidal, para ver una panorámica de los alrededores. Este hotel fue tomado durante el sitio a Santa Clara por los rebeldes. La columna del Che hizo descarrilar el tren blindado que llegaba con armas para abastecer a los soldados del régimen de Batista. Con una grúa Caterpillar, que está en exhibición junto a los vagones de ese tren, levantaron las vías. Una vez en el centro de la ciudad, el Che entró al hotel y bajó a varios soldados de la dictadura.

Durante el resto del día sucedería lo que siempre sucede en Cuba: tomar mate en una plaza y que la gente se acerque a conversar, los parques repletos de ancianos y chicos correteando. Almorzamos pizza con un refresco y al atardecer, mientras se oían los preparativos de una performance teatral en una esquina del parque, nos sentamos frente al gazebo con el termo y la yerba. Ahí mismo se nos acercó un hombre de 81 años que vendía maní. Se nos puso a hablar: que cuando era joven se podía “echar un bollo” (amor pagado) por “30 kilos” (30 centavos de moneda nacional), que tuvo 39 mujeres en su vida, que una vez se fue con dos a Holguín, que a una mujer de Santiago que era demasiado fogosa le tuvo que poner cebolla “ahí en el bollo” para matarle su “fuego uterino”, que mientras haya mujeres él no come gansos (hombres), que en el hotel del frente, el Santa Clara Libre, el mismísimo Che, herido en un brazo, se enfrentó a 9 soldados de Batista y los venció. Así se fue dando la charla con el buen hombre que de a ratos volvía a cerrar conversaciones de vueltas anteriores (recorría la plaza con sus conos de maní). Hasta que empezó el espectáculo teatral y se mezcló con el público para reforzar la venta.

Más tarde tomaríamos una cerveza frente a un bar con música cubana en vivo. Luego de la cerveza llegaría la primera noche de buen sueño en la isla.

Y ya estaban los recuerdos activos otra vez, esa comunicación de los cubanos, los puestos callejeros de comida repletos de gente, las calles a toda hora pobladas, murmullos y griteríos, de no mirar atrás en las noches, del clima cálido y el ambiente de amistad en parques y bares.

De Cuba.

domingo, 13 de enero de 2008

Villa de Leyva, Boyacá. Colombia.




La buseta que tomé en Chiquinquirá me dejó en el cruce de rutas. Caminé hacia Villa de Leyva, a la espera de la combi que viene de Tunja, la capital del departamento de Boyacá. Todos los pueblos de la zona me sonaban conocidos. Apenas un día había pasado desde que terminé de leer "Siervo sin tierra", una novela de Eduardo Caballero Calderón. En ella cuenta la vida de Siervo Joya, un pobre campesino que añora comprar un puñado de tierra de la vega del Chicamocha, un río que baja desde Santander. En esa novela, Siervo con su mujer, la Tránsito, y su hijo bebé, van a Chiquinquirá, junto con multitudes, en camiones destartalados, para pedirle ayuda a la virgen del pueblo, el más devoto de toda Colombia. De tanta gente que hay en la nave de la iglesia, el pequeño se les muere de asfixia ante la virgen.
Llegué a la terminal de Villa de Leyva, pueblo fundado en 1572, pleno valle de Zaquencipá. Tenía cierta expectativa de conocer la plaza más grande de todo el país, 14000 metros cuadrados de piedras incómodas para el paso.
Pregunté a un policía turístico por el hostal donde quería acampar. Finalmente un hermano/monje/seminarista, Jose Edgar, me acompañó a una oficina donde el dueño del hostal, Oscar, tiene montado un cyber bar. En su Jeep modelo 77, con el que quiere hacer un viaje a través de Sudamérica, y al cual me invitó para iniciarlo en dos o tres años, me llevó al hostal Renacer, o Colombian Highlands, tiene dos nombres para hacer menos papelerio burocrático. En el camino me contaba de la chica que le ayuda en el local de internet. "Tiene mal genio, y es mi ex novia".
Llegamos después de un kilómetro y medio de camino en subida. Por la vista y la paz del lugar, valía la pena caminar esa distancia las veces que fuera necesario. Me decidí a montar la carpa, luego de más de cuatro meses sin sacarla de su bolsita Northland agujereada por las estacas y los parantes. Y ahí estaban de nuevo, el aroma del pasto, el ruido de los cierres, el cantar de grillos y ranas. El mate en pleno campito, con la serranía en mis narices.
A unos doscientos metros del hostal, hay una gran base militar. Villa de Leyva es uno de los lugares más seguros del país, hace años que la guerrilla o los paracos no llegan. A esta base de dos mil soldados viene de vacaciones Alvaro Uribe, el nuevo fascista latinoamericano, ese que el 28 de mayo será reelecto por el pueblo colombiano. Gracias al miedo, y al engaño, claro está. De Bogotá salen dos helicópteros militares, cuando Uribe decide vacacionar aquí. Dan la vuelta al pueblo miles de veces, antes de la llegada del mandatario. Luego despegan dos helicópteros civiles, idénticos entre si, y por dos rutas diferentes llegan a Villa de Leyva, nadie sabe en cual viene Uribe, por seguridad.
Caminé al pueblo y llegué, por fin, a la Plaza Mayor. Este pueblo es de casas bajas, con techos de teja, paredes blancas, impecables, y calles empedradas. Cuelgan de las medianeras flores muy parecidas a las Santa Rita, rosas y violáceas. La plaza mayor no tiene árboles, ni un solo arbusto. Es una explanada de empedrado, gigante. Alrededor se ve la Iglesia del Carmen y diversas casas de ilustres colombianos de otros siglos. El lugar ideal para tomar mate.Es domingo y todavía queda el resabio turístico local del fin de semana. Oscurece en un clima perfecto, con un cielo azul oscuro, atravesado por unas cuantas nubes inofensivas. El firmamento se ve ideal desde Villa de Leyva. Astrónomos de todo el mundo llegan a los alrededores del pueblo, para tener esa vista única de las estrellas del hemisferio norte. Cae la noche y se terminó el medio litro de agua caliente que cargué en el termo. Un cachorrito negro marca-perro se me pegó con desconfianza. Duerme al lado mio porque un grupo de jovencitos le aguo la siesta. Cuando hago ruido con el mate, abre los ojos y encaja la cola entre las patas traseras. Mañana lunes dan Capote en el cine del pueblo, tal vez vaya.
Y llegó el lunes, o "el día de las invitaciones", como le llamé yo. Caché una bici todo terreno de d-i-e-c-i-o-c-h-o cambios, y partí en subida, luego en bajada, a recorrer los alrededores, primero al Fósil y después al Infiernito.
Este lugar fue un gran mar hace mas de 100 millones de años, en El Fósil se ven amonitas, que fueron las dueñas del lugar. Amonitas de tamaño exhuberante.El mar ocupaba las llanuras, las serranías, las ciudades, y las montañas. Vi un mapa donde supuestamente el mar conectaba los dos oceanos. Ver para creer. che.
Y seguí en pura picada con mi bici, hasta que se terminó el asfalto. Más adelante encontré el desvío hacia el parque arqueológico de los Muiscas, indígenas que habitaban la zona. Se cree que llegaron a ser más de un millón. Llegué al parque, más conocido como El Infiernito, mote puesto por los españoles cuando llegaron al lugar. Y si, en el parque se encuentra el observatorio astronómico de los Muiscas, y alrededor se pueden contemplar decenas de penes de hasta tres metros (si si, de pitos) tallados en piedra, paradiiiitos ahí, en el medio del valle. La tierra de la zona es árida, infértil, y los Muiscas le pedían fertilidad al Dios Sol. Fertilidad de la tierra, y de ellos mismos. Cuando los españoles vieron esos monumentos a la orgía dijeron: "Esto no puede ser sino obra del mismo demonio", y le quedó Infiernito, para siempre. En el sector del observatorio se pueden ver doce pititos (tal vez esos no eran pitos, pero pongámosle que si, que simpáticos me resultaron los Muiscas!) que reciben la luz del sol durante todo el día. A la mañana hacen sombra los pititos de una punta, y al atardecer los pititos de la otra. Con esos datos sabían cuando eran los equinoccios y los buenos tiempos de la cosecha, y del sexo, claro.
Después de tan cultural escena seguí por el camino de tierra hasta un puente. Ahí me paré a sacar unas fotos y a escribir pareceres de los Muiscas en mi cuaderno de viaje. Y llegó la primera invitación. Una señora cargada de bolsas de mercado venía desde Villa de Leyva a Monquirá, así se llama la zona del parque. Es dueña de un hotel nuevo, que tiene piscina, bar, DVD y hasta zona de camping con horno de barro. La señora me invitó a conocer el lugar. "Ya estoy hospedado con carpa, señora", "No importa, para que conozcas". Así que muy amablemente me mostró el lugar, me preparó una limonada y me regaló un fósil de Amanita, a elegir entre tres posibles. Estuve más de media hora charlando con la señora sobre la zona y sus leyendas, hasta que me despedí diciendo que la próxima volvería a parar allí, si me hace descuento.
Volví al pueblo bajo el sol de la media tarde. El clima de Levya es casi ideal. Rara vez pasa los 25 grados y los relámpagos siempre ocurren del otro lado de las montañas.
Cuando estaba en la parte alta, dando vueltas bien despacio con la bici (el empedrado lo deja a uno con dolores extremos) me encontré con el seminarista y su familia, el hermano y la madre. Me invitó a que vaya a visitar, a las cuatro, el convento de los padres, frente a la iglesia del carmen. Después de dar unas vueltas, comer un helado casero de Feijoa, y guardar la bicicleta en el hostal, fui para allá. Me recibió Jose Edgar y su hermano Jairo. El convento es de 1911 y está plagado de flores. Tiene un parque ideal, del que dije: "Acá pondría una canchita de futbol", y me dijeron que sí, que ahí juegan al futbol y también al Volley, me convidaron una mini-arepa de queso, un par de empanaditas que andaban cocinando, una seven-up y dos brevas en almibar. Cuando probé las brevas, después de verlas en su árbol de origen, les dije: "Que parecido a los higos", "Ah, si, también se les dice higos". Ups, resulta que los higos me gustaban, finalmente?
Terminó mi segunda invitación del día y me fui a tomar unos mates a la plaza gigante, para que pase un poco el tiempo antes de ver la película. Pero llegó la tercera invitación. Una mujer pasó cerca, me preguntó si el cachorrito negro era mio y me dijo que me vio andando en bici por "allá". En fin, tenía una pareja de amigos, él italiano, ella colombiana, y me invitaba a ir a charlar con ellos. Además, dijo, tenía que llevarle a Luciano-el tano, una carpeta con algunas técnicas de tai-chi. En fin, me dije, vamos a ver que deparan estos tres personajes. Y así fue la noche, charlando sobre tai-chi, sobre Italia y Argentina (no podían creer que yo fuese mezcla de italiano y bielorruso). La colombiana me decia que tenía cara de italiano, "pero soy igual a mi mamá!", le decia yo.
También entre limonadas terminó la cosa, mientras el tano contaba como en Bogotá le dicen, al menos una vez por día mientras camina por las calles, "gringo puto".
Nos despedimos los cuatro a las once de la noche, y me fui caminando el kilómetro y medio de cada día.
Pasaría luego otra jornada más en Villa de Leyva, antes de viajar a San Gil. Pero mis únicos movimientos serían entre los dos parques, el Nariño y el Ricaute, y la plaza mayor, buscando el mejor lugar para tomar mate y leer.

Abril,2006-

viernes, 7 de abril de 2006

Tena, la pequeña experiencia en el oriente


En Ecuador todo queda cerca. De esta manera es posible llegar a la selva en pocas horas. Desde Quito fuimos en micro a Tena, la capital de la provincia de Napo. Seis horas separan a las dos ciudades. Desde la sierra se transita en pleno descenso y el paisaje cambia abruptamente. Llegando a Tena se siente el aire más cálido y el cambio de vegetación es notorio. Tena es una ciudad mediana, dividida por dos ríos. De un lado de la ciudad está la plaza principal, la gobernación, el municipio, los bancos. Del otro lado los hostales, una avenida muy transitada y la terminal de buses. Una buena repartición de la ciudad, para tener razones de querer cruzar el puente hacia el otro lado.
En Tena no hay muchos insectos. La temperatura es agradable y por las noches desciende considerablemente.
Nos quedamos en un hostal que daba al malecón, a media cuadra del puente peatonal que separa las dos mitades.
Durante los días que estuvimos en Tena corrimos riesgo de desmayos. En el coliseo de la ciudad se presentaban dos veces al día el Ñoño y la Chilindrina. ¿Se imaginan la reacción del cuerpo al cruzarse con semejantes próceres? Ocurriría algo parecido a los desmayos que sufría el personaje-guitarrista que componía Sean Penn en la película de Woody Allen al encontrarse con el gitano Dyango Reinhart, su ídolo musical.
Desde Tena uno puede internarse en el oriente. En Ecuador es posible contactar a las comunidades aborígenes y pasar con ellas un tiempo en plena selva, sin luz ,ni nada. Vivir como ellos por algunos días.
Una mañana hicimos un viaje de 40 minutos para llegar a Puerto Misahualli. Desde este pueblo se realizan viajes en canoa hacia el oeste, por uno o varios días. También es posible embarcarse para llegar al norte del oriente, Orellana o Nueva Loja.
Al bajar del micro en Misahualli uno se encuentra con la sorpresa: la plaza está repleta de monitos. Los primates se acercan asediando, buscando comida o algo con que jugar. Monos solitarios, madres que llevan encima a su cría, monos en los árboles, en los palos de luz, en los canteros, en los techos, bajo los autos. Hay que tener cuidado con las pertenencias, ropas, cámaras, coca colas, dulces. La mínima distracción puede ser fatal. Una gringa se descuidó un segundo y un monito le arrebató una bolsa con una maya y una remera. Se subió al techo de un gacebo de la plaza y empezó a probarse la camiseta. Un hombre del lugar intentaba persuadirlo para que devuelva la ropa. El monito se puso la remera y empezó a saltar dando gritos de alegría, y así corrió por toda la plaza, colgándose de los cables con su cola. Otros dos monitos se disputaban la maya, mordiéndola y arrancándole pedacitos.
Caminando unos minutos desde Misahualli se puede llegar a comunidades indígenas. Las mismas son autónomas y eligen a sus jefes una vez al año. Se basan en la agricultura y en la pesca de los ríos.
Ecuador, otras cosillas (versión dos)


Listado de algunas comidas ecuatorianas: (En Ecuador, como en Perú, Bolivia y Colombia, se suele almorzar con un plato fuerte pero no existe la cena. Se come una merienda, algo más liviana que el almuerzo, pero a media tarde. También se da que el desayuno es comida abundante, como carne con arroz o algo parecido. Por este motivo se consigue los famosos menús económicos al mediodía, con entrada, sopa, jugo y postre, pero no por las noches.)

Seco de Pollo (con su ensalada, sus papas y su arroz)
Seco de Carne
Sopas
Empanadas de verde (un tipo de plátano, en Argentina sólo se consigue el tipo "banano")
Guatita (parecido al mondongo)
Carne frita o apanada
Trucha, Corvina, Camarón
Chifles (banana frita)
Patacones (banana pisada con harina)
Menestra (de lentejas, frijoles, porotos)
Spondylus (la concha más preciada del pacífico)
Llapingacho (tortilla de papa)
Tortillas de Yuca
Hornado (cerdo)
Maduro (otro tipo de plátano, más dulce, con queso en su interior)
Encebollado (sopa de pescado con cebolla, generalmente se come los domingos a la mañana)
Mote con fritada (maíz blanco con carne frita)
Café con humitas
Pan de yuca
Sancocho (sopa)
Melcocha (dulce)
Orejas (como nuestras palmeritas, pero más grandes)
Enrollado popular (pan económico)
Cachitos (medialunas saladas)
Helados de Paila (helados de crema preparados en fuentes de cobre)
Cuy (sí sí, esa ratita peluda simpática se come en muchos lugares del país, y las cocinan en la calle de cuerpo entero)
Ceviche de cualquier pescado que pinte (el ceviche es un famoso cura-resaca, en la playa es muy común ver comer a la gente, a las nueve de la matina, un delicioso ceviche de ostras…)

Frases típicas de la gente:

Hay algo que se da en Ecuador, pareciera que la gente para pedir algo lo hace rogando, pidiendo por favor.
"No sea malito, deme el asiento"
"Regaleme"
"Anímate" (cuando te venden algo)

Cuando uno le dice o pregunta algo a alguien y la persona no entiende o no escucha dicen:
"Mande"…en lugar de "que?".
Pero lo dicen rápido, casi sin mirarlo a uno…"mande"…
Los jóvenes dicen "Simón" para decir "Sí" y "De ley" para afirmar algo

Recreación de charla con un ecuatoriano joven:
- Hola, ¿vamos a tomar algo?
- Mande.
- Que si vamos a tomar algo.
- Simón.
- Podemos ir al bar de la esquina, ¿está bueno?
- De ley.

Tragedias ecuatorianas:
Las tragedias más comunes son, por lo que pude vislumbrar en el mes y algo que estuve:
En Guayaquil, los incendios (a finales del siglo XIX hubo uno gigante que destruyó casi toda la ciudad) .En la actualidad todas las semanas se incendia algo. Ciertas personas me dijeron que son intencionales, pero no sé el motivo.
En las provincias de la costa las inundaciones. Actualmente la provincia de Manabí sufre increíbles inundaciones.
En los lugares cercanos a los volcanes, las erupciones (existen numerosos volcanes en Ecuador, el Chimborazo, el Cotopaxi, el Antisana,, el Tungurahua son algunos de los más famosos, y muy pocos están inactivos).
Los terremotos, también en la zona serrana.

Listado de Provincias Ecuatorianas:
Costeñas: (a los costeños se les dice, de forma despectiva, "Monos")
El Oro, Guayas, Manabí, Esmeraldas.
Serranas: (a los serranos se les dice "Longos")
Loja, Azuay, Cañar, Chimborazo, Los Ríos, Bolívar, Tungurahua, Cotopaxi, Pichincha, Imbabura, Carchi.
Oriente: (a los de oriente se les dice "Salvajes").
Sucumbíos, Orellana, Napo, Pastaza, Morona Santiago ,Zamora Chinchipe.

Fechas de Ecuador:

Las avenidas de las grandes ciudades ecuatorianas están plagadas de fechas. Me aprendí algunas:

6/12 – Fundación de Quito
3/11 – Independencia de Cuenca
9/10 – Independencia de Guayaquil
10/8 – Independencia del país
24/7 – Cumpleaños de Bolívar

Deportes:
El deporte por excelencia es el fútbol. Mucha gente está pendiente de la selección nacional, y como clasificaron por segunda vez consecutiva para el mundial, el alboroto es generalizado.
Es llamativo la cantidad de remeras de la selección o de equipos argentinos que se ven en las calles. Más, incluso, que en nuestro propio país.
El campeonato nacional de fútbol se llama: Copa Pilsener (cerveza más tomada en Ecuador, aunque hace muy poco arribo la Brahma para hacerle competencia).

Algunos equipos de fútbol:

Barcelona, de Guayaquil (el más popular)
EMELEC, de Guayaquil
Nacional, de Quito (el de los milicos)
ESPOLI, la escuela policial
Olmedo, de Riobamba
Aucas, de Oriente
Deportivo Cuenca
Deportivo Quito
La Liga Universitaria, de Quito.

Creo que el segundo deporte del país es el Volley. En todos los estacionamientos hay una o dos redes para jugarlo. Es muy común que los empleados de las terminales de buses se vayan a jugar al volley en los momentos libres al playón y haya que ir a buscarlos entre tanto y tanto.

Nombres raros de Manabí
En ciertos cantones de la provincia de Manabí se permite poner cualquier nombre a los recién nacidos.
Recuerdo algunos ejemplos que salieron publicados en la nota de color de un diario nacional:
Amor de mi vida
Cadena Perpetua
Martes trece
Querido Ecuador
Himno Nacional
…y otros.

Costumbre:
Una costumbre ecuatoriana, similar a lo que pasa en Perú, es el no respetar la fila en negocios, puestos callejeros y demás lugares donde supuestamente el que llega primero es atendido primero. Hay que entrar al negocio y pedir, sin importar quién esté adelante. El problema para nosotros es el no saber los precios, o que son ciertas cosas. Entonces al preguntar: ¿Cuánto cuesta tal cosa?, somos pisoteados por los recién llegados y el turno se va perdiendo.

Canales de TV

Teleamazonas (a favor del TLC)
Canal 1
ECUAVISA (En contra del TLC)

Economía de Ecuador:
El país atravesó etapas de "boomes".
En un principio fue el boom del cacao (1800-1900), hasta que llegó la enfermedad del cacao.
Luego vino el boom del café (hasta 1950) y bajaron los precios.
Luego el boom del banano, que sigue hasta estos días.
Y ahora el nuevo boom del camarón, se están multiplicando las camaroneras por toda la costa. Existe la enfermedad de la mancha blanca que amenaza con el negocio.

lunes, 6 de febrero de 2006

Cusco, la ciudad Imperial

La plaza de armas esta rodeada de luces. Llovió hace rato y los faros se duplican en las piedras de las calles. La catedral se ve amarillenta, al igual que la iglesia de San Francisco, arriba de la loma, a la izquierda del Cristo blanco que contempla todo el valle. Se escucha la musica de los bares del centro, todas las noches hay fiesta en la ciudad imperial.

Luego de pasar una noche sali a dar una vuelta por el centro, a conocer la Cusco diurna. Cada dos pasos a uno le intentan vender alguna de las miles de excursiones que existen: el valle sagrado, Macchu Pichu, el camino del Inca, Choquequirao, la selva, etc, etc. Es un acoso constante de agencias de viaje, restaurantes y demas rubros turisticos. Es asi, si no fuera tan turistica, Cusco seria perfecta.
Es mediodia y doy la vuelta por la Avenida del Sol, calle sobre la que descansan los bancos cusqueños y donde se ven los restos del templo del sol incaico. Me sorprende ver a la guardia urbana en accion: Mimos con carteles, si uno intenta cruzar por donde no se debe, estos personajes del transito te paran delante de la multitud y sin decir palabras te desplegan carteles en la cara para que aprendas. Si es vergonzoso que a uno lo rete un guardia urbano porteño, imaginense adonde se cae el orgullo de una persona si es apercibida por un mimo cusqueño. La cara de los transeuntes incautos lo decia todo.
Segui camino por las calles del centro historico. En todos lados se ven los edificios mixtos, mitad incaicos, mitad españolas (como esas pizzas mitad y mitad que se piden en Bs As, aunque siempre te cobran la mitad mas cara).
En Cusco es epoca de lluvia, y la gente se refugia en las galerias para caminar tranquilo. Segun dicen, en invierno no llueve ni un poquito por la zona.
Que mas turistico tiene Cusco que su boleto?
En la oficina de turismo puede comprarse el boleto turistico que da acceso a unas quince "atracciones". El boleto cuesta 70 para los comunes y 35 para los estudiantes (una manera de decir, claro esta). Como me robaron la Isic en la Pza Murillo de La Paz, decidi no gastar de ninguna manera tanta plata. Lo curioso es que no se puede entrar a esos lugares sin el boleto correspondiente, un negocio redondo.
Me fui al pueblo de Pisac con esa idea. Sobre las laderas que rodean al pueblo se encuentran las ruinas incaicas, las mas grandes del valle sagrado. Me puse a hablar con un taxista que se ofrecio llevarme a ver las ruinas, y le comente que no tenia el boleto. Me llevo junto a dos argentinos que si lo tenian, y me bajo cerca de unas casas, en el medio de la ruta. Segui a Jaime, un chico de unos 15 años que me hizo correr diez minutos entre plantaciones y arboles cuesta arriba. Descansamos diez segundos al lado del cementerio y en minutos llegamos nuevamente a la ruta. Habiamos pasado el puesto de control, ya estaba dentro de las ruinas de Pisac sin boleto.
Algunos pensaran que fue una avivada porteña, pero los cusqueños me aclararon como son las cosas alli. Los precios los ponen los limeños y la plata se va a la capital, o como en el caso del Peru Rail, el tren que lleva a las ruinas de Macchu Pichu, la plata se va a Chile e Inglaterra.
Asi que pase gratis y bien satisfecho quede.
Un lugar interesante en Cusco es el museo de Arte Contemporaneo, frente a la plaza del Regocijo.
La entrada es gratuita. El museo cuenta con dos salas de exposiciones y un patio lindisimo. En el primer piso esta la oficina del alcalde, a quien puede verse desde el pasillo en pleno desarrollo de sus tareas (¿?).
Tuve la suerte de ver una expo de origamis: princesas, dragones, elefantes y demas figuras de todos los niveles de dificultad (el nivel depende de los pliegues del papel).
Que mas tiene Cusco?...
Tuve la suerte de parar en Huancaro, la suerte digo porque es un barrio alejado, y asi puede conocerse algo mas que el turistico centro. Las afueras de Cusco no son tan imperiales, pero lo recomiendo para conocer bien el asunto.
A pesar de tener el cambio parecido al nuestro, la vida en Peru es mas barata. En Cusco, metros de la plaza de armas, se puede comer por cuatro o cinco soles. Si se elige el mercado se puede comer mas barato todavia (lugares recomendados: Mama Lucia a 4 soles un super almuerzo, Croissant, el mismo precio para almuerzo o cena).
Un mundo aparte son los boliches. Alrededor de la plaza de armas hay unos cinco o seis lugares de entrada gratis. Todo el tiempo hay happy hour, de 3 tragos por 10 soles y hasta 4 tambien.
Si van a Mama Amerika y saben hacer flores con los sorbetes, las chicas de la barra te dan tragos gratis y hasta ron o vodka directamente de la botella, haciendo cascada en la boca.
Podria seguir hablando de Pisac, de la universidad, del resto de Cusco, pero es "harto" conocido.
Seguimos la proxima con el viaje barato a Macchu Pichu y con las historias de Lima.

Martin, enero de 2006.